También pretende ampliar conceptos esenciales que contribuyan a mejorar la comprensión de los temas de relevancia en materia sanitaria, con la finalidad de superar barreras sociosanitarias que limitan la actuación participativa de los actores sociales en los problemas de salud-enfermedad que interfieren con el bienestar colectivo.
La teoría de la Transición Demográfica y su impacto en los países
A finales del siglo XIX y principios del XX, el interés por profundizar en las tendencias de la población, en particular la disminución de los niveles de mortalidad y sobre todo de fecundidad, motivó a muchos países de Europa Occidental, a reconocer la realidad como una expresión de “La Teoría de la Transición demográfica o Revolución Demográfica”.
La Transición Demográfica, como se
denominara en el desarrollo de este texto, se define como “el proceso de ruptura en la
continuidad del curso del movimiento de la población hasta un momento
determinado, que explica el paso de niveles altos de mortalidad y fecundidad a
niveles bajos de estas variables”.
Las primeras aproximaciones a la teoría
las realizó el demógrafo francés Adolphe
Landry (1909), quien analizó la relación de los cambios en las variables
demográficas y la productividad del trabajo en Francia y otros países europeos.
Este autor estructuró la teoría, bajo el nombre de “Revolución Demográfica”, en tres etapas en virtud del tipo de
economía: primitiva, intermedia y moderna.
Más adelante, en 1929, el demógrafo
norteamericano, Warren Thompson le
llama “Evolución Demográfica”. Este
autor considera también tres etapas, pero utiliza como variable rectora el
crecimiento poblacional, en virtud de la cual clasifica éstas en: estado de
crecimiento potencial, efectivo y estacionario o de disminución.
En 1945, el inglés Frank Notestein expone la Teoría
de la Transición Demográfica, la más conocida en la actualidad. En ésta se
distinguen las siguientes etapas:
Etapa I: Caracterizada por reconocer una Tasa Bruta de Natalidad
(TBN) entre 35-40 nacimientos por cada
mil habitantes, mientras que la Tasa Bruta de Mortalidad (TBM) corresponde a
30-35 defunciones por cada mil habitantes. Como la fecundidad y la mortalidad
son altas, la tasa de crecimiento de la población es muy baja, de
aproximadamente 0.6 por ciento.
Bajo estos indicadores y en este
contexto se produce la Revolución Industrial, se acelera el proceso de
urbanización, mejoran el medio ambiente y la atención médica y hay una mejor
organización de los servicios de salud. En consecuencia una mejor distribución contribuye a crear condiciones para reducir la mortalidad.
Etapa II: se destaca una disminución de la TBM a 25 por mil,
manteniéndose la TBN constante o ligeramente decreciente. Aumenta la tasa de crecimiento
de la población, que pasa a considerarse alta, y se rejuvenece la estructura
por edades de la población.
Etapa III: Sigue disminuyendo la TBM y comienza a reducirse la TBN,
por ello se reduce la tasa de crecimiento de la población. Disminuye la mortalidad
y aumenta la supervivencia. Se acelera la urbanización. Se producen cambios en
la producción. Hay una transformación de los roles familiares porque la familia
pequeña se vuelve más funcional como consecuencia de las nuevas estructuras
económicas y sociales. Por lo anterior la tasa de crecimiento se estabiliza y
luego disminuye.
En 1945, Landry incluye la teoría en su Tratado de Demografía; en 1949, Thompson amplía los conocimientos al
aplicarla al caso de EE.UU y, en 1953, Notestein
plantea la posibilidad de generalizar esta teoría, aplicándola a los cambios
que se están produciendo en otras poblaciones del mundo.
En 1989, Jean Claude Chesnais realizó un estudio sobre la validez de la
Teoría de la Transición Demográfica, basándose en las series relativas a 67
países entre 1720 y 1984. No obstante, hay autores que aún rebaten el empleo de
esta teoría en contextos diferentes a los que la generaron, opinando que
existen diferencias causales en los países subdesarrollados con respecto a los desarrollados
que no permiten realizar tal identificación. Recientemente, han sido
reconocidas nuevas etapas de la transición demográfica:
Etapa IV: Estabilidad de las TBM y TBN, por lo tanto la tasa de
crecimiento de la población tiende a cero.
Etapa V: La TBM es mayor que la TBN; el crecimiento natural es
negativo y el crecimiento total es cercano o inferior a cero.
Pese a que la Teoría de la Transición
Demográfica ha demostrado ser sólida y generalizadora todavía no es posible
afirmar que explique la Transición de los estadios poblacionales de los países
en desarrollo; en su defecto, abre interrogantes sobre ¿bajo qué condiciones está alcanzando este
grupo de naciones los descensos en las tasas de natalidad? y ¿como un ritmo de
crecimiento total es cada vez más moderado en algunos países que en otros?
A pesar de las interrogantes planteadas
en torno a la pertinencia de esta teoría para explicar los cambios que se han
producido en la dinámica de la mortalidad y la fecundidad en los países con
transición tardía, se han generado un
conjunto de preocupaciones para el campo de la epidemiologia a las cuales trata
de darle una explicación generalizad y aceptada.
Su
uso en estas últimas décadas ha permitido establecer notables diferencias en
los ritmos de crecimientos demográficos, en las intensidades y velocidades de
los cambios, y en las determinaciones que operan en éstas, con relación a los países de transición
temprana.
De esos análisis ha emergido tesis como
aquella que señala que “las sociedades que han iniciado los cambios demográficos
recientemente, atraviesan por ellos modificaciones demográficas en un plazo menor
que las de transición temprana”.
Este hecho imprime al proceso de
envejecimiento de la población un agravante adicional, en tanto se trata de
países menos desarrollados, con recursos muy limitados para establecer
políticas que permitan un adecuado afrontamiento del mismo.
La Transición Epidemiológica
La inclusión en el análisis demográfico de la dinámica de la morbilidad, a través de la Transición Epidemiológica (TE), concepto consolidado e en 1971 por Omran y ampliado por Lerner en 1973, derivado de la teoría de la transición demográfica , sugiere que la transición, sea tratada como “un proceso continuo en el cual los patrones de salud y enfermedad de una sociedad se van transformando en respuesta a cambios más amplios de carácter demográfico, socioeconómico, tecnológico, político, cultural y biológico”.
La inclusión en el análisis demográfico de la dinámica de la morbilidad, a través de la Transición Epidemiológica (TE), concepto consolidado e en 1971 por Omran y ampliado por Lerner en 1973, derivado de la teoría de la transición demográfica , sugiere que la transición, sea tratada como “un proceso continuo en el cual los patrones de salud y enfermedad de una sociedad se van transformando en respuesta a cambios más amplios de carácter demográfico, socioeconómico, tecnológico, político, cultural y biológico”.
La reducción inicial en la mortalidad
se concentra selectivamente en las causas de muerte de tipo infeccioso y tiende
a beneficiar a los grupos de edades más jóvenes, en los que las infecciones son
más frecuentes y graves. Además, la supervivencia progresiva más allá de la
infancia aumenta el grado de exposición a factores de riesgo asociados con
enfermedades crónicas y lesiones, que incrementan así su contribución relativa
a la mortalidad.
El descenso en la fecundidad (de
aparición posterior), afecta la estructura por edades y repercute sobre el
perfil de morbilidad pues la proporción creciente de personas de edad avanzada
aumenta la importancia de los padecimientos crónicos y degenerativos. Por tanto,
se produce una nueva dirección de cambio, en la medida que la carga principal
de muertes y enfermedades se desplaza de los grupos de edades más jóvenes a los
de edades más avanzadas.
Posteriormente, emerge otro cambio en
este proceso, dado por el desplazamiento de la mortalidad del primer plano de
las condiciones de salud y su sustitución por la morbilidad como fuerza
predominante. A este respecto, el concepto de transición epidemiológica va más
allá del de transición demográfica ya que no sólo intenta explicar los cambios
en la mortalidad, sino también en la morbilidad.
Así, en el proceso de transición, el
significado de la enfermedad sufre una transformación radical. De ser primordialmente
un proceso agudo que con frecuencia termina en la muerte, la enfermedad se
convierte en un estado crónico en que muchas personas en su mayoría de edad
avanzada sufren durante períodos largos de su vida. De este modo se hace
posible la combinación, aparentemente paradójica, de una mortalidad descendente
junto con una morbilidad creciente.
La Transición Demográfica en América Latina y el Caribe
En América Latina y el Caribe como un
todo demográfico, se encuentra
transitando la fase caracterizada por una disminución de la fecundidad, que al
compararla con los países europeos se
observa un crecimiento en forma rápida, luego de haber experimentado cambios
importantes en la mortalidad desde antes de la segunda mitad del siglo XX, con
la tendencia de una tasa de crecimiento descendente.
Como se señaló, el análisis de la TD en
América Latina y el Caribe ha cobrado un especial interés en los últimos
tiempos dada la velocidad con que este proceso se ha presentado. En tal sentido
se han dedicado varios foros entre los que destaca la VI Conferencia Latinoamericana de Población, efectuada en México
durante el mes de marzo de 1993, cuyo tema central fue “La Transición
Demográfica en América Latina y el Caribe”.
En este evento se realizaron grandes
aportes al relacionar la transición demográfica con la modernización y con la
evolución socioeconómica de la región desde mediados del siglo pasado. América
Latina experimentó apreciables transformaciones sociales y económicas durante
la segunda mitad del siglo XX, que han ocurrido de manera diferenciada en los distintos
países que integran la región.
En la región de AL, hasta mediados de
la década de 1960, el fuerte decrecimiento de la mortalidad frente a tasas de
fecundidad que se mantenían elevadas, produjo altas tasas de crecimiento
general. Al finalizar el decenio de los 70 comienza a disminuir la tasa de crecimiento
de la población, debido principalmente a una baja de la fecundidad. Este fenómeno
se extendió a la mayoría de los países y al interior de estos de una manera gradual
y estratificada comenzando por los sectores de mayor nivel de escolarización de
las áreas urbanas hacia los de menor nivel de instrucción de las zonas rurales.
Entre 1980 y 1990 continúa el proceso
de Transición Demográfica en todos los países, aunque se alteran algunos
aspectos demográficos: composición de la familia, nupcialidad, movimientos
migratorios, a consecuencia del período de crisis económica que sacude a la
región.
La tasa de crecimiento de la población
promedio anual para ese período fue de 2.1 por ciento, este crecimiento
relativamente alto (pese al decrecimiento de la mortalidad y la fecundidad) se
explica por el potencial de las cohortes en edad juvenil, cuyos nacimientos
ocurrieron en años precedentes de expansión de la natalidad.
Como consecuencia de los cambios
señalados se ha producido un incremento del envejecimiento de la población
latinoamericana, por lo que este proceso iniciado en los países desarrollados,
es ahora un fenómeno del siglo XXI, en tanto afecta a la mayoría de las
regiones del planeta, entre las cuales América Latina y el Caribe presentan el cuadro
más difícil con tendencia al incremento en las próximas décadas. Se nota el
interés pare el autor del ensayo por establecer las relaciones entre la
industrialización, la salud colectiva, el bienestar de la población y el perfil
epidemiológico de las naciones, todo en nombre del progreso.