sábado, 30 de junio de 2012

Papel de la epidemiologia en tiempos de crisis socioeconómica.

Soy de profecion Medico Cirujano (LUZ-1984), Especialista en Salud Pública (UCV-1992), Especialidad en Administración de Hospitales (UCV-1994), Maestría en Gerencia Administrativa y Gerencia en Servicios de Salud (2006). Tambien me Desempeñe en cargos de dirección de hospitales (MPPS, 1984-1993). Actualmente  realizo actividades como Epidemiólogo en función docente (UNERG), Docente e Investigador de pregrado y postgrado en programas de salud pública y finalmente Jefe de Departamento de Salud Pública (UNERG), lo que me ha motivado a presentar y compartir un conjunto de experiencia y puntos de vista sobre diferentes tópicos, en este sentido ofrezco el contenido de este blog que esta dirigido a la comunidad de profesionales de la salud y otras disciplinas asociadas ; estudiantes en formación ; comunidad organizada ,  y en general a todos aquellos interesados  en temas vinculados con la salud pública,  la administración sanitaria , y en especial en el campo de la Epidemiologia.  

También pretende ampliar  conceptos esenciales que contribuyan a mejorar la comprensión de los temas de relevancia en materia sanitaria, con la finalidad de superar barreras sociosanitarias que limitan la actuación participativa de los actores sociales en los problemas de salud-enfermedad  que interfieren con el bienestar colectivo.

La teoría de la Transición Demográfica y su impacto en los países 

A finales del siglo XIX y principios del XX, el interés por profundizar en las tendencias de la población, en particular la disminución de los niveles de mortalidad y sobre todo de fecundidad, motivó a muchos países de Europa Occidental, a reconocer la realidad como una expresión de  “La Teoría de la Transición demográfica o Revolución Demográfica”.

La Transición Demográfica, como se denominara en el desarrollo de este texto,  se define como “el proceso de ruptura en la continuidad del curso del movimiento de la población hasta un momento determinado, que explica el paso de niveles altos de mortalidad y fecundidad a niveles bajos de estas variables”.

Las primeras aproximaciones a la teoría las realizó el demógrafo francés Adolphe Landry (1909), quien analizó la relación de los cambios en las variables demográficas y la productividad del trabajo en Francia y otros países europeos. Este autor estructuró la teoría, bajo el nombre de “Revolución Demográfica”, en tres etapas en virtud del tipo de economía: primitiva, intermedia y moderna.

Más adelante, en 1929, el demógrafo norteamericano, Warren Thompson le llama “Evolución Demográfica”. Este autor considera también tres etapas, pero utiliza como variable rectora el crecimiento poblacional, en virtud de la cual clasifica éstas en: estado de crecimiento potencial, efectivo y estacionario o de disminución.

En 1945, el inglés Frank Notestein expone la Teoría de la Transición Demográfica, la más conocida en la actualidad. En ésta se distinguen las siguientes etapas:

Etapa I: Caracterizada por reconocer una Tasa Bruta de Natalidad (TBN)  entre 35-40 nacimientos por cada mil habitantes, mientras que la Tasa Bruta de Mortalidad (TBM) corresponde a 30-35 defunciones por cada mil habitantes. Como la fecundidad y la mortalidad son altas, la tasa de crecimiento de la población es muy baja, de aproximadamente 0.6 por ciento.

Bajo estos indicadores y en este contexto se produce la Revolución Industrial, se acelera el proceso de urbanización, mejoran el medio ambiente y la atención médica y hay una mejor organización de los servicios de salud. En consecuencia una mejor distribución  contribuye a  crear condiciones para reducir la mortalidad.

Etapa II: se destaca una disminución de la TBM a 25 por mil, manteniéndose la TBN constante o ligeramente decreciente. Aumenta la tasa de crecimiento de la población, que pasa a considerarse alta, y se rejuvenece la estructura por edades de la población.

Etapa III: Sigue disminuyendo la TBM y comienza a reducirse la TBN, por ello se reduce la tasa de crecimiento de la población. Disminuye la mortalidad y aumenta la supervivencia. Se acelera la urbanización. Se producen cambios en la producción. Hay una transformación de los roles familiares porque la familia pequeña se vuelve más funcional como consecuencia de las nuevas estructuras económicas y sociales. Por lo anterior la tasa de crecimiento se estabiliza y luego disminuye.

En 1945, Landry incluye la teoría en su Tratado de Demografía; en 1949, Thompson amplía los conocimientos al aplicarla al caso de EE.UU y, en 1953, Notestein plantea la posibilidad de generalizar esta teoría, aplicándola a los cambios que se están produciendo en otras poblaciones del mundo.
En 1989, Jean Claude Chesnais realizó un estudio sobre la validez de la Teoría de la Transición Demográfica, basándose en las series relativas a 67 países entre 1720 y 1984. No obstante, hay autores que aún rebaten el empleo de esta teoría en contextos diferentes a los que la generaron, opinando que existen diferencias causales en los países subdesarrollados con respecto a los desarrollados que no permiten realizar tal identificación. Recientemente, han sido reconocidas nuevas etapas de la transición demográfica:
Etapa IV: Estabilidad de las TBM y TBN, por lo tanto la tasa de crecimiento de la población tiende a cero.
Etapa V: La TBM es mayor que la TBN; el crecimiento natural es negativo y el crecimiento total es cercano o inferior a cero.
Pese a que la Teoría de la Transición Demográfica ha demostrado ser sólida y generalizadora todavía no es posible afirmar que explique la Transición de los estadios poblacionales de los países en desarrollo; en su defecto, abre interrogantes sobre  ¿bajo qué condiciones está alcanzando este grupo de naciones los descensos en las tasas de natalidad? y ¿como un ritmo de crecimiento total es cada vez más moderado en algunos países que en otros?
A pesar de las interrogantes planteadas en torno a la pertinencia de esta teoría para explicar los cambios que se han producido en la dinámica de la mortalidad y la fecundidad en los países con transición tardía, se han  generado un conjunto de preocupaciones para el campo de la epidemiologia a las cuales trata de darle una explicación generalizad y aceptada.
 Su uso en estas últimas décadas ha permitido establecer notables diferencias en los ritmos de crecimientos demográficos, en las intensidades y velocidades de los cambios, y en las determinaciones que operan en éstas,  con relación a los países de transición temprana.
De esos análisis ha emergido tesis como aquella que señala que “las sociedades que han iniciado los cambios demográficos recientemente, atraviesan por ellos  modificaciones demográficas en un plazo menor que las de transición temprana”.
Este hecho imprime al proceso de envejecimiento de la población un agravante adicional, en tanto se trata de países menos desarrollados, con recursos muy limitados para establecer políticas que permitan un adecuado afrontamiento del mismo.

La Transición Epidemiológica 
La inclusión en el análisis demográfico de la dinámica de la morbilidad, a través de la Transición Epidemiológica (TE), concepto consolidado e en 1971 por Omran y ampliado por Lerner en 1973, derivado de la teoría de la transición demográfica , sugiere que la transición, sea tratada como “un proceso continuo en el cual los patrones de salud y enfermedad de una sociedad se van transformando en respuesta a cambios más amplios de carácter demográfico, socioeconómico, tecnológico, político, cultural y biológico”.
La reducción inicial en la mortalidad se concentra selectivamente en las causas de muerte de tipo infeccioso y tiende a beneficiar a los grupos de edades más jóvenes, en los que las infecciones son más frecuentes y graves. Además, la supervivencia progresiva más allá de la infancia aumenta el grado de exposición a factores de riesgo asociados con enfermedades crónicas y lesiones, que incrementan así su contribución relativa a la mortalidad.
El descenso en la fecundidad (de aparición posterior), afecta la estructura por edades y repercute sobre el perfil de morbilidad pues la proporción creciente de personas de edad avanzada aumenta la importancia de los padecimientos crónicos y degenerativos. Por tanto, se produce una nueva dirección de cambio, en la medida que la carga principal de muertes y enfermedades se desplaza de los grupos de edades más jóvenes a los de edades más avanzadas.
Posteriormente, emerge otro cambio en este proceso, dado por el desplazamiento de la mortalidad del primer plano de las condiciones de salud y su sustitución por la morbilidad como fuerza predominante. A este respecto, el concepto de transición epidemiológica va más allá del de transición demográfica ya que no sólo intenta explicar los cambios en la mortalidad, sino también en la morbilidad.
Así, en el proceso de transición, el significado de la enfermedad sufre una transformación radical. De ser primordialmente un proceso agudo que con frecuencia termina en la muerte, la enfermedad se convierte en un estado crónico en que muchas personas en su mayoría de edad avanzada sufren durante períodos largos de su vida. De este modo se hace posible la combinación, aparentemente paradójica, de una mortalidad descendente junto con una morbilidad creciente.

La Transición Demográfica en América Latina y el Caribe

En América Latina y el Caribe como un todo demográfico,  se encuentra transitando la fase caracterizada por una disminución de la fecundidad, que al compararla con los países europeos  se observa un crecimiento en forma rápida, luego de haber experimentado cambios importantes en la mortalidad desde antes de la segunda mitad del siglo XX, con la tendencia de una tasa de crecimiento descendente.

Como se señaló, el análisis de la TD en América Latina y el Caribe ha cobrado un especial interés en los últimos tiempos dada la velocidad con que este proceso se ha presentado. En tal sentido se han dedicado varios foros entre los que destaca la VI Conferencia Latinoamericana de Población, efectuada en México durante el mes de marzo de 1993, cuyo tema central fue “La Transición Demográfica en América Latina y el Caribe”.

En este evento se realizaron grandes aportes al relacionar la transición demográfica con la modernización y con la evolución socioeconómica de la región desde mediados del siglo pasado. América Latina experimentó apreciables transformaciones sociales y económicas durante la segunda mitad del siglo XX, que han ocurrido de manera diferenciada en los distintos países que integran la región.

En la región de AL, hasta mediados de la década de 1960, el fuerte decrecimiento de la mortalidad frente a tasas de fecundidad que se mantenían elevadas, produjo altas tasas de crecimiento general. Al finalizar el decenio de los 70 comienza a disminuir la tasa de crecimiento de la población, debido principalmente a una baja de la fecundidad. Este fenómeno se extendió a la mayoría de los países y al interior de estos de una manera gradual y estratificada comenzando por los sectores de mayor nivel de escolarización de las áreas urbanas hacia los de menor nivel de instrucción de las zonas rurales.

Entre 1980 y 1990 continúa el proceso de Transición Demográfica en todos los países, aunque se alteran algunos aspectos demográficos: composición de la familia, nupcialidad, movimientos migratorios, a consecuencia del período de crisis económica que sacude a la región.

 La tasa de crecimiento de la población promedio anual para ese período fue de 2.1 por ciento, este crecimiento relativamente alto (pese al decrecimiento de la mortalidad y la fecundidad) se explica por el potencial de las cohortes en edad juvenil, cuyos nacimientos ocurrieron en años precedentes de expansión de la natalidad.

Como consecuencia de los cambios señalados se ha producido un incremento del envejecimiento de la población latinoamericana, por lo que este proceso iniciado en los países desarrollados, es ahora un fenómeno del siglo XXI, en tanto afecta a la mayoría de las regiones del planeta, entre las cuales América Latina y el Caribe presentan el cuadro más difícil con tendencia al incremento en las próximas décadas. Se nota el interés pare el autor del ensayo por establecer las relaciones entre la industrialización, la salud colectiva, el bienestar de la población y el perfil epidemiológico de las naciones, todo en nombre del progreso.